Esta escultura de la misma serie que las anteriores y con las mismas características que las anteriores está dedicada “entre comillas” -evidentemente a la famosa latina Rita Hayworth por sus evidentes y grandes… dotes como actriz, aunque en realidad a mi particularmente me gustan más sus dotes inferiores que tampoco están mal sobre todo con zapatos de tacón… No sabía yo que las dotes podían llevar tacones… caramba, caramba.

Aunque he visto más películas de esta maravillosa y sensual …y bueno, bueno. Pues como decía aunque he vis…etc. La película que más y con mejor talante -es que soy zapatista- recuerdo es Sed de Mal, haciendo de maga con Orson Wells. La verdad es que tanto como por la película la recuerdo por, cómo, con quién y donde la vi. Lo recuerdo con una nitidez insospechada para mi edad. Recuerdo… Bueno pero en otro momento.

Esta escultura está basada en un personaje que dibujaba un profesor que tube hace… bastantes años … incluso diría que demasiados por dar una cifra más axacta, en un colegio particular de la calle Panaderos de Valladolid, al lado de un taller de reparación de automoviles que se llamaba SIVA? aún no se por qué. A lo que ibamos, dicho profesor que se llamaba D. Carlos, dibujaba un personaje de la mismas hechuras que este pero saltando a la comba. Parecía muy liberal pero después me suspendió en dibujo porque copiando una lámina de un nadador que daba la braza con el brazo derecho -otra redundancia?- yo conseguí que braceara con el izquierdo sin más armas que mi imaginación y un lapicero. Toma modernismo¡¡.

Pues sí, según cuentan las crónicas en aquellos tiempos, los caballos eran como los coches ahora, incluso les tuneaban. En las películas de caballeros del medioevo salen, en los torneos de lanza en ristre, con unos adornos del copón que les costaban un riñón y la cáscara del otro. Eso los más modestos, porque otros les metían en su cama y les hacían cónsules, o volvían de entre los muertos, se montabana en ellos y echaban a los sarracenos de la peninsula ibérica. Si es que hay caballos para todo, hay que fastidarse. No me reconozco de lo educado…


En la barra de título digo que es un recuerdo -la escultura Julito Fumador- de mis tiempos de aprendiz, pero es que nunca he dejado de ser aprendiz y -toquemos madera- con un poco de suerte no dejaré de serlo nunca, porque las personas cuando dicen, decimos, soy algo exceptuando a la nobleza que lo son porque sí, pues el resto cuando lo decimos y lo sentimos porque sí, resulta que… estamos muertos… aunque sigamos respirando. Y abundando en la escultura Julito era o es un muchacho con sindrome de down al que todas las mañanas veiamos Delfín y yo cuando íbamos a trabajar. Yo tenía catorce años, pero nunca se me ha olvidado la figura de Julito con el cigarrillo en la boca y en la posición que veis.

Estas esculturas, además de hacerse con perfiles hechos a mano con un trabajo ímprobo hubo que soldarles -los perfiles- y limpiarles con radial en barras de seis metros. Fué un trabajo que hizo casi exclusivamente Vicente, un magnífico muchacho que trabajó conmigo en una de las pocas épocas buenas que tubo en su vida… laboral. Donde estés un abrazo amigo.
En realidad los hicimos -los perfiles- a partir de los que había en el mercado, abriéndoles, en el caso del Rombo, uniéndoles, en el caso del cuadrado, tapándoles, en el caso del rectángulo, también abriendoles… de otra manera en el caso del triángulo y el único que se hizo de fábrica -me le hicieron en Barcelona una casa especializada en tubos- fue la doble espiral. Esta escultura esta en una coleccion privada.
Esta pintura la titulé en principio “Horto” tratando de establecer una comparación con la vida del campo y la ciudad y haciendo un guiño a Diolinda, mi esposa, de ascendencia portuguesa pero me salió un horto demasiado urbano -Horto en portugués = a huerto en español- y no estaba convencido del todo. Por entonces Javier García Prieto y Jorge Vidal Ponce -para que no sea menos- tuvieron la sana? ocurrencia de viajar a New York y entonces a Benito Mauleón -D. Benito para los amigos- se le ocurrió la idea de llamarle Jorge y Ja..Bla Bla. Me lo propuso y después de arduas conversaciones, sugerencias y dimes y diretes amen de algún vino…bastantes vinos de la tierra…incluso muchos vinos, llegamos a la conclusión de que era el mejor título posible y decidí-mos ponerle el susodicho título y por el mismo precio inmortalizar el nombre de los implicados en el mismo. Así fue y así os lo cuento.Esta pintura es parte de una colección privada.