Estas esculturas, la serie, están concebidas en un momento crucial de mi vida, tanto que cambió radicalmente mi forma de ver las cosas incluso su sabor y su olor -de las cosas- e incluso mi forma de gastar el dinero…poco, que ganaba en el taller y que a partir de ese momento nunca volvería a gastarlo en las mismas cosas ni de la misma manera: HABÍA DEJADO DE FUMAR. Que tragedia¡¡¡ Llegué a perder los amigos…pocos, que tenía y lo más grave mis enemigos me cogieron miedo y nunca volvieron a incordiarme con sus chorradas de enemigos pobres. Decían que un hombre que había dejado de fumar era capaz de cualquier cosa mala y -decían- pensaban, que era lo más grave, de cualquier cosa buena, y así fue -lo de las cosas buenas- y desde luego nunca lo de las malas… bueno alguna cosa mala si que hice pero la vara de medir que utilizaba el mirón, era muy carca, con lo cual lo malo se podía convertir en bueno, ejem.
Por lo demás os voy a presentar las fotos de las esculturas seguidas y con cada una, anterior y posterior, la original de plastilina y la reproducción en bronce.
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Indio Fumador, esta escultura la titulé en un principio Caballo Loco pero luego, considerando lo inapropiado del título, dada la forma de la pose -todo tarnquilidad- decidí cambiarla por el más apropiado titúlo “El Indio Que Estaba Loco Por Fumar Pero Se Contenía Con Su Impertérrita Postura” aunque luego, y por motivos de espacio, el galerista de la galería (esto es redundancia pura) donde se expuso por primera vez y que ya no me acuerdo ni donde era,en vez de poner “El Indio Que Estaba L…. bla bla pues decidió abreviar y lo dejo en esto. Así son todos.

Estas esculturas como ya digo anteriormente las empece a partir de dejar de fumar y desde luego no es un homenaje de añoranza al tabaco, todo lo contrario es una aviso para navegantes después de comprobar en mis propias carnes -los bofes- la diferencia que hay antes y después. Aunque se que es muy gratificante y “mitificante” -menuda palabreja me ha salido- y tal el cigarrillo después de determinadas actividades Pues que quieren que les diga… no tengo palabras. Pues eso.

Esta escultura de la misma serie que las anteriores y con las mismas características que las anteriores está dedicada “entre comillas” -evidentemente a la famosa latina Rita Hayworth por sus evidentes y grandes… dotes como actriz, aunque en realidad a mi particularmente me gustan más sus dotes inferiores que tampoco están mal sobre todo con zapatos de tacón… No sabía yo que las dotes podían llevar tacones… caramba, caramba.

Aunque he visto más películas de esta maravillosa y sensual …y bueno, bueno. Pues como decía aunque he vis…etc. La película que más y con mejor talante -es que soy zapatista- recuerdo es Sed de Mal, haciendo de maga con Orson Wells. La verdad es que tanto como por la película la recuerdo por, cómo, con quién y donde la vi. Lo recuerdo con una nitidez insospechada para mi edad. Recuerdo… Bueno pero en otro momento.

Esta escultura está basada en un personaje que dibujaba un profesor que tube hace… bastantes años … incluso diría que demasiados por dar una cifra más axacta, en un colegio particular de la calle Panaderos de Valladolid, al lado de un taller de reparación de automoviles que se llamaba SIVA? aún no se por qué. A lo que ibamos, dicho profesor que se llamaba D. Carlos, dibujaba un personaje de la mismas hechuras que este pero saltando a la comba. Parecía muy liberal pero después me suspendió en dibujo porque copiando una lámina de un nadador que daba la braza con el brazo derecho -otra redundancia?- yo conseguí que braceara con el izquierdo sin más armas que mi imaginación y un lapicero. Toma modernismo¡¡.

Pues sí, según cuentan las crónicas en aquellos tiempos, los caballos eran como los coches ahora, incluso les tuneaban. En las películas de caballeros del medioevo salen, en los torneos de lanza en ristre, con unos adornos del copón que les costaban un riñón y la cáscara del otro. Eso los más modestos, porque otros les metían en su cama y les hacían cónsules, o volvían de entre los muertos, se montabana en ellos y echaban a los sarracenos de la peninsula ibérica. Si es que hay caballos para todo, hay que fastidarse. No me reconozco de lo educado…


En la barra de título digo que es un recuerdo -la escultura Julito Fumador- de mis tiempos de aprendiz, pero es que nunca he dejado de ser aprendiz y -toquemos madera- con un poco de suerte no dejaré de serlo nunca, porque las personas cuando dicen, decimos, soy algo exceptuando a la nobleza que lo son porque sí, pues el resto cuando lo decimos y lo sentimos porque sí, resulta que… estamos muertos… aunque sigamos respirando. Y abundando en la escultura Julito era o es un muchacho con sindrome de down al que todas las mañanas veiamos Delfín y yo cuando íbamos a trabajar. Yo tenía catorce años, pero nunca se me ha olvidado la figura de Julito con el cigarrillo en la boca y en la posición que veis.
